Historia

Iglesias Bautistas de Puerto Rico
©Rvda. Miriam Z. Gutiérrez, octubre

 

Es claro que la historia bautista está cargada de ambigüedades, y quienes traten de establecer la singularidad de la tradición, están parados sobre un fundamento muy débil.

Paul Harrison en Authority and Power in the Free Church Tradition

 

¿Quiénes son los bautistas? o mejor aún ¿Qué son los bautistas? Algunos historiadores apoyan la teoría sucesionista, la cual establece que los bautistas siguen el patrón del NT y de la iglesia de la Era Apostólica. Otros afirman que los bautistas surgen del movimiento separatista no-conformista de la Inglaterra postisabelina y que los bautistas pertenecen a la rama congregacional del protestantismo. Algunos llaman este período la Reforma Radical. Todavía hay otro grupo que apoya la teoría de que los bautistas estamos influenciados por el movimiento anabautista de los menonitas holandeses de principios del siglo 17. En realidad no existe documentación primaria que valide ninguna de estas teorías. Sin embargo, sí existe alguna evidencia documentaria que nos da luz sobre una de estas teorías.

Esta documentación sobre la tradición o herencia bautista comienza cuando aparecen las primeras congregaciones bautizantes, lo que sucede en 1608.  A través de Juan Smyth y de Tomás Helwys se puede establecer una conexión con los herederos de la Reforma Radical. Se podrá decir cualquier cosa de los bautistas, pero una cosa es ciertísima: los bautistas son gente de la Reforma. Surgieron de ideas y sucesos que se dieron en Europa, especialmente en Inglaterra, dentro de los acontecimientos religiosos y políticos del siglo 16.

 

A estos efectos, debemos señalar precisamente en un día como hoy, que Martin Lutero no fue el único ni el primero en reclamar cambios en su Iglesia Católica, aunque reconocemos que su trabajo como teólogo y profeta de su tiempo fue el que «prendió la mecha» del fuego protestante dentro de la iglesia. Ya John Wycliffe, inglés del siglo 14, y John Huss, de Bohemia en el siglo 14 y principio del 15, habían desafiado la autoridad papal, habían promovido una iglesia nacional fuerte y cuestionado la doctrina de la transubstanciación.

 

 Los bautistas, aunque no reconocemos a ninguna persona en particular como precursor de nuestra denominación, sí podemos hablar de Juan Smyth, un clérigo anglicano que se hizo puritano, separatista y bautista separatista, aunque terminó su vida procurando ser admitido con los menonitas. Este hombre se educó en Cambridge y fue ordenado sacerdote, pero siempre tuvo sentimientos puritanos. Dejó la Iglesia Anglicana en 1606 y se unió a una congregación separatista. Cuando esta congregación creció, el grupo se dividió –lo que era costumbre en la época —y un sector se fue a Leyden, en Holanda. Se cree que fueron miembros de este grupo los que embarcaron en el Mayflower, en 1620, y llegaron a América.

 

 El otro sector permaneció en Gainsborough, pero con la persecución a los no conformistas, en 1608 decidieron emigrar a Ámsterdam, Holanda. Este grupo estaba lidereado por su pastor, Juan Smyth, y posiblemente económicamente apoyado por su amigo y asociado Tomas Helwys. Helwys, quien se había convertido en líder de la congregación separatista, fue educado en Londres y era persona de medios económicos. Al llegar a Ámsterdam, Smyth y su grupo se reunieron para la adoración con una congregación separatista de ingleses expatriados bajo el liderato de Francis Johnson, quien había sido tutor de Smyth en Cambridge. Se cree que Smyth y Helwys, al llegar a Ámsterdam, eran separatistas en su política y calvinistas en su teología, aunque luego se movieron hacia el arminianismo.

Smyth pronto se opuso a algunas cosas de la doctrina de esa congregación. Por ejemplo: creía que el uso de las Escrituras en público tenía que ser «libre y espiritual, no limitada por textos traducidos». Para él, leer el sermón era pecado, pues esto debía hacerse «del corazón»  (de memoria). No se debían leer ni sermones, ni oraciones, porque eso implicaba adoración al libro.

 

Con el tiempo Smyth se convenció del bautismo de creyentes y en 1609 concluyó que el pequeño grupo debía convertirse en una verdadera iglesia de Cristo, fundamentada en la fe y el bautismo de creyentes. Smyth se bautizó a sí mismo y luego a Helwys y a los demás. Aparentemente, este bautismo fue por afusión trinitaria, echando agua tres veces sobre el sujeto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Y ahí nació la primera iglesia bautista del mundo. (Por eso celebramos 400 anos de historia hoy).

Como era de esperarse este bautismo a sí mismo provocó la crítica de la iglesia oficial (cómo puede bautizarse a sí mismo para ser miembro de la iglesia si está fuera de la iglesia, y si no hay iglesia). Smyth respondió que la ausencia de una iglesia verdadera requería de una acción radical –bautismo a sí mismo—para poder comenzar nuevamente la iglesia.

 

Sin embargo, el espíritu inconforme de Smyth le llevó a entrar en conversaciones con los menonitas; concluyó que el bautismo de sí mismo era inválido y solicitó membresía en esa iglesia. Murió esperando su admisión, pero algunos de sus seguidores lo lograron. Tomas Helwys y el resto del grupo, mientras tanto, retuvieron su bautismo y sus convicciones bautistas. Él y su grupo se declararon como la iglesia verdadera. Regresaron a Londres en 1612 y fundaron la primera iglesia bautista en suelo inglés en la ciudad de Spitalfield. Tenían una teología arminiana, por lo que se consideraban bautistas generales.

 

Aunque Helwys no era un teólogo sofisticado, su defensa de la libertad religiosa fue única en su tiempo. En 1612 escribió Una breve declaración del misterio de la iniquidad (A Short Declaration of the Mystery of Iniquity). Este brevísimo tratado de Helwys contiene la más absoluta afirmación de libertad religiosa escrita en el idioma inglés. El mismo estaba dirigido al rey Jacobo I, y decía en su dedicatoria que «el rey no tiene poder sobre el alma inmortal de sus súbditos, para hacer leyes y dar órdenes para ellos, ni para establecer Señor sobre ellos». En otro inciso añadía: «Juzgue el rey, si no es más justo que los hombres escojan ellos mismo su religión, sabiendo que serán ellos quienes estarán frente a la silla del juicio de Dios para responder por sí mismos, y cuando no tendrán excusa para ellos decir, “Fuimos obligados a ser de esta religión por el rey o por quienes tenían autoridad de parte de él”». Estas afirmaciones de Helwys le llevaron a la cárcel Newgate de Londres, donde murió en 1616.

 

Eclesiología bautista

 

La preocupación principal de los bautistas ingleses originales estaba relacionada con su identidad: la naturaleza de la Iglesia, las ordenanzas, un pastorado educado, y un estilo de vida cristiana. Más tarde, le añadieron el esfuerzo misionero y el ecumenismo.

Identidad bautista

 

Entre ciertos y específicos distintivos, la identidad bautista se configura por grupos diferentes que reclaman el nombre de bautistas. La identidad se extiende a través de un variado trasfondo teológico que va desde arminianos  hasta calvinistas , desde conservadores hasta liberales, desde comunión cerrada hasta abierta, y desde denominacionalistas hasta independientes.

 

Cualquier intento de establecer o escribir la historia de los bautistas debe comenzar con esta advertencia. Desde sus comienzos en la Europa del siglo 17, los bautistas siempre han demostrado creencias y distintivos aplicables a todos los segmentos del movimiento. Si tomamos cualquiera de los principios que hemos adoptado y que atesoramos, encontraremos la diversidad de voces al respecto. Por ejemplo, el bautismo.

 

Aun cuando generalmente los bautistas estamos de acuerdo con el bautismo por inmersión de los creyentes, hay diferentes opiniones sobre quiénes son los candidatos apropiados y el significado del acto en sí mismo. Algunas congregaciones exigen la inmersión de toda persona que se una a la iglesia. Esto incluye rebautizar a quienes provienen de tradiciones que no practican la inmersión. Otras iglesias requieren la inmersión solamente a los nuevos creyentes y a los nuevos miembros que no han sido sumergidos. Todavía otras iglesias administran la inmersión a los nuevos creyentes pero aceptan el bautismo previo de personas que confiesan ser cristianos.

Con relación al bautismo, también la edad de los candidatos es motivo de diversidad. Algunos sectores, muy pocos en realidad, bautizan infantes . Por otro lado, los bautistas insistimos en que el bautismo debe estar precedido de una profesión de fe en Jesucristo. Pero esto de la edad para el bautismo varía de grupo en grupo, aunque la afirmación de los bautistas es que practicamos el bautismo de creyentes.

 

Esto como ejemplo de la variedad y riqueza que encontramos dentro de este pueblo llamado bautista. Podemos encontrar diferentes posturas, además, sobre el acercamiento a la Biblia, el papel de la mujer en la iglesia, y la doctrina o teología: generales (arminianos) vs. particulares (calvinistas).

 

Algunos distintivos

 

En 1640, un clérigo anglicano de nombre Daniel Featly describió su percepción sobre las enseñanzas de «los bautizadores»:
 Primero, que nadie está verdaderamente bautizado, sólo los sumergidos.
 Segundo, que ningún infante debe ser bautizado.
 Tercero, que no debe haber una liturgia establecida o libro para oraciones, sino solamente por el Espíritu.
 Cuarto, que por la Palabra de Dios no debe haber diferencia entre el clero y el laicado, sino que todo el que tenga el don puede predicar la Palabra y administrar los sacramentos.
 Quinto, que no es permitido tomar juramento, no, ni siquiera cuando es ordenado por un magistrado (gobernante).
 Sexto, que ningún cristiano en buena conciencia puede ejercer el oficio de gobernante civil .
 Vemos en esta cita cómo se percibía a este grupo, que estaba muy activo y se consideraba una amenaza a la iglesia establecida. Es interesante notar, sin embargo, que aparte de la inmersión, estas eran prácticas comunes a las numerosas sectas antiestablishment del siglo 17.

Contexto Histórico de los Orígenes Bautistas
 
Desde los primeros días del movimiento bautista, la eclesiología fue central para la unidad. Se agruparon alrededor de la visión de que la iglesia es una comunidad de creyentes, celebrando el bautismo y la Santa Cena, predicando el evangelio y organizando la vida congregacional. La autoridad para la misión de la iglesia y el ministerio venía de Cristo, mediada a través de la comunidad de creyentes.

 

En su afán por establecer su identidad y distinguirse de los anglicanos, los bautistas se hicieron muchas preguntas sobre sus creencias y prácticas: ¿Cómo se distinguen los bautistas de las iglesias que bautizan infantes? ¿Se considera ese bautismo válido? ¿Pueden esas personas recibir la Santa Cena en una iglesia bautista? ¿Se requerirá un nuevo bautismo por inmersión para las personas que quieran unirse a una iglesia bautista? ¿Cuál es la forma apropiada de bautismo? Buscando contestación a estas preguntas, los bautistas del siglo 17 fueron a la Biblia. Y fue en esa búsqueda que se encontraron con las verdades bíblicas que les llevaron a establecer lo que hoy conocemos y atesoramos como principios bautistas, aquellas cosas que nos distinguen o diferencian de otras comunidades de fe.

 

Los principios bautistas o de otra denominación son aquellas ideas y supuestos que nos diferencian de otros grupos cristianos. Las doctrinas de la fe cristiana son comunes a todos los grupos cristianos y que los bautistas afirmamos, juntamente con nuestros principios. Las prácticas son las formas como hacemos realidad esos principios.

 

Tradicionalmente, y dependiendo del historiador que se lea, los bautistas hemos establecido, ensenado y practicado los siguientes principios:


1. Iglesia de creyentes: Las personas vienen a ser miembros de la iglesia por la confesión voluntaria e individual de fe en Jesucristo.
2. Bautismo de creyentes por inmersión: Afirmamos que, de acuerdo con las Escrituras, el bautismo bíblico es sumergiendo a la persona bajo el agua.
3. La Biblia es la suprema y máxima autoridad en materia de fe y conducta: Afirmamos que no tenemos ningún otro documento sobre la Biblia que nos dirija en nuestra vida cristiana.
4. Libertad de conciencia: Afirmamos que toda persona tiene el derecho de tomar sus propias decisiones respecto a su relación o no con Dios. Nadie puede decidir ni imponer en este aspecto.
5. Una iglesia libre: Afirmamos que la Iglesia a sido hecha libre y solamente es sierva de Jesucristo, por tanto, 
6. Separación de iglesia y estado: Para poder ser libre, la iglesia no puede estar sujeta a los poderes de este mundo. Afirmamos que el estado no puede intervenir en los asuntos de fe, que esa es la función de la iglesia.
7. Gobierno congregacional: Cada congregación local tiene la autoridad de gobernarse a sí misma, sin intervención de ninguna otra autoridad, 
sea eclesial o gubernamental.
8. Sacerdocio universal del creyente: Dependiendo del autor que usted lea este aparece como principio o como doctrina. Significa que cada persona creyente tiene la capacidad de relacionarse con Dios directamente, sin intervención de sacerdote (todos y todas somos sacerdotes) y tiene la responsabilidad de ser sacerdote para otras personas.

Los bautistas en Estados Unidos 

 

En 1620 llegó a Plymouth, Massachussets, el Mayflower, cargando 102 pasajeros, algunos bautistas entre ellos. El movimiento bautista en las colonias comenzó con Roger Williams y John Clarke en Rhode Island, una colonia que ofrecía libertad religiosa. Roger Williams nació en Londres y se crió y educó en la iglesia anglicana. Eventualmente se hizo puritano. Tuvo que huir de Inglaterra, perseguido por el arzobispo Laud, en 1631. Luego de un tiempo en Boston, se separó por completo de la Iglesia de Inglaterra.

 

Roger Williams fue un personaje controversial por sus ideas y prácticas. Defendió a los nativos reclamando que eran ellos los verdaderos dueños de la tierra e insistía en que se les pagara por las tierras obtenidas por los colonos.  Se oponía a que la cruz estuviera en la bandera inglesa y a que los creyentes hicieran juramentos. Sostenía que solamente Dios era el juez de la conciencia y que el estado no podía asumir autoridad religiosa de perseguir ni al hereje ni al ateo. Afirmaba que los poderes del estado se limitaban solamente a los bienes del ciudadano, a las cosas materiales. Repudiaba la idea de una iglesia nacional u oficial aliada al estado secular.

 

Fue acusado de predicar el separatismo, lo que provocó su expulsión de Massachussets en 1635. Para evitar ser repatriado a Inglaterra, huyó a los bosques, en medio de un cruento invierno. Unos nativos (indios) los rescataron y luego él les compró un terreno y fundó Providence, nombrado así reconociendo la misericordiosa providencia de Dios para él. Estableció que su territorio sería un refugio para cualquier persona con problemas de conciencia. Y así nació la colonia de Rhode Island.

 

Aunque Williams fue bautista por un brevísimo tiempo, participó en la fundación de la primera iglesia bautista en el Nuevo Mundo, establecida en Providence. Luego Williams se hizo un «buscador» (seeker) y abandonó la iglesia bautista. En esta primera congregación había tanto bautistas generales como particulares. Roger Williams fue un creyente y firme defensor de la libertad religiosa y escribió varios tratados sobre el tema.

 

Luego de la desaparición de Williams surgieron líderes como John Clarke, médico inglés, fundador de Portsmouth, y líder de una congregación separatista. También fue un consistente defensor de la libertad de conciencia. En 1639, con la ayuda de Roger Williams y otros disidentes, compraron tierras a los nativos y fundaron Newport. Allí se constituyeron como iglesia bautista en 1644. Se cree que fue en esta iglesia donde primero ser practicó el bautismo por inmersión en el Nuevo Mundo en 1648. Seguidamente el bautismo por inmersión se convirtió en la norma entre todas las congregaciones bautistas.

Hubo otros personajes importantes y valiosos para nuestra historia en las colonias del Nuevo Mundo. Al final del siglo 17 los bautistas estaban presentes en todas las colonias americanas. Eran un grupo pequeño, a menudo perseguido y con variadas expresiones teológicas.

 

La amistad de John Leland, otro defensor de la libertad de conciencia y de religión y miembro de la legislatura de Massachussets, con Madison y Jefferson, signatarios de la Constitución de los EE. UU., logró la inclusión de la Carta de Derechos (separación de Iglesia y Estado) en 1791.

 

Cuando comenzó el movimiento de expansión hacia nuevas fronteras en los Estados Unidos, los bautistas formamos parte de las caravanas de personas en busca de nuevas tierras y nuevas gentes. Allí en los campamentos de caravanas, predicaban. Donde se podía, se quedaban y fundaban iglesias.

 

Bautistas en Puerto Rico

 

Dos semanas después de que comenzara el control americano en Puerto Rico y del final de la Guerra Hispanoamericana –1 de enero de 1899—llegó a Puerto Rico el misionero de la Sociedad de Misiones Domésticas Bautistas Americanas, don  Hugo P. McCormick. Este fundó la Primera Iglesia Bautista de Río Piedras. McCormick estuvo a cargo de la obra bautista en el norte de la Isla. Se le unió a esta tarea la misionera Ida Hayes, quien fue la primera misionera comisionada. Poco después, en el mismo ano , llegó para hacerse cargo de la obra en el sur el Rvdo. A. B. Rudd, mejor conocido como Don Bartolo. Este fundó la Primera Iglesia Bautista de Ponce. Don Bartolo tuvo la colaboración de la misionera Juanita Duggan. También llegó el misionero Rvdo. Edgar L. Humphrey, quien se ubicó en el centro. Al ir creciendo la obra, llegaron los misioneros L.E. Troyer, quien fue al sur, y H.W.Vodra, quien se quedó en San Juan. Así cada región estaba cubierta por un misionero americano.

 

Estos primeros misioneros eran personas con una gran preparación intelectual y teológica. Algunos ya habían servido en México y conocían el español. Eran muy buenos intérpretes y predicadores  y completamente dedicados al Señor y su Iglesia.

 

Las misioneras jugaron un papel importantísimo en la tarea evangelizadora y de organización de iglesias. Su asignación era particularmente en el aspecto educativo y muchas de ellas establecieron escuelas parroquiales. Podemos mencionar, además de la ya mencionadas, a Mary O. Lake, Ester Palacios, Adele Martin y muchas otras.

Como es sabido, con la llegada de las denominaciones evangélicas a la Isla, se dividió el territorio por convenio fraternal, de manera que cada denominación pudiera desarrollar su trabajo libremente. A los bautistas se nos asignó la parte norte desde San Juan hasta el sur en Guánica, pasando por el centro. Del litoral este le correspondió  hasta Río Grande, comenzando por Carolina. Adquirimos Juncos mediante una negociación con la Iglesia Congregacional y más tarde, nosotros le entregamos Guánica a los presbiterianos.

 

En 1917 ya teníamos 17 iglesias y ocho pastores –obreros le llamaban—puertorriqueños, los cuales tenían muy poco preparación académica. Entre estos pastores estaba don Manuel Lebrón, quien había escuchado el mensaje de salvación en la alcaldía de Río Piedras. Don Manuel fue la primera persona que se convirtió con una predicación bautista,   y fue nuestro primer pastor bautista puertorriqueño.

 

Desde el mismo comienzo de los bautistas en Puerto Rico hubo preocupación por la preparación teológica de ministros. Fue don Bartolo Rudd, misionero en el sur, quien estableció un centro de adiestramiento ministerial en el lugar donde se reunía la congregación de Ponce y ofrecía cursos por correspondencia. Más tarde la escuela pasó a Coamo, y desde Coamo llegó a Río Piedras en 1914. Se ubicaron frente a la Universidad de Puerto Rico con el nombre de Grace Conaway Institute. En 1919 se fundió con las escuelas teológicas de las otras denominaciones, y se fundó el Seminario Evangélico de Puerto Rico, que este ano celebra sus 90 anos de existencia.

 

Evolución de la Asociación

 

En 1902 se organizó la Asociación de Iglesias Bautistas de Puerto Rico, en una reunión en Ponce. En 1927 se incorporó oficialmente la Asociación con el Departamento de Estado. Figuran como incorporadores José L. Delgado, Daniel Echavarría, Josué Díaz, Erasmo M. Bernier, José L. Más y Tomás Rosario Ramos, todos ellos venerables pastores bautistas.

 

En 1936 la Asociación cambió de nombre a Convención de las Iglesias Bautistas de Puerto Rico. En 1954 hubo otro cambio a Convención Bautista de Puerto Rico.  En 1972 volvimos a cambiar de nombre, esta vez a Iglesias Bautistas de Puerto Rico, para armonizar nuestra teología con el nombre.


En 1958 se elimina el cargo de misionero general, siendo el último de estos el Rvdo. Aaron F. Webber, quien, además, servía como profesor del Seminario. Se creó el cargo de Secretario Ejecutivo y de Promoción, designándose como el primero en este nuevo modelo al Dr. Oscar Rodríguez, primer puertorriqueño que dirige nuestra asociación.

 

En 1962 se admitió la convención de Puerto Rico como una región de las Iglesias Bautistas Americanas, durante una asamblea celebrada en la ciudad de Filadelfia. Ese mismo año se dedicó el edificio donde ubican las oficinas centrales en Valley Forge, Pensilvania. A esta asamblea asistió un nutrido grupo de nuestra gente, tanto pastores como laicos, para celebrar la aceptación de una asociación hispanoparlante, que rompía con todos los modelos anteriores. Esto nos colocó al mismo nivel que cualquier asociación en el resto de los EE.UU. Tenemos el derecho de enviar delegados a las asambleas, ahora cada dos años, de participar en igualdad de condiciones, ocupar posiciones dentro de la estructura y también nos hace colaboradores de los programas y ofrendas de nuestra denominación.

 

En la actualidad –2009—las IBPR tenemos un representante en la Junta General (órgano administrativo de mayor jerarquía), un secretario de área puertorriqueño a cargo del trabajo misionero para América Latina, el Caribe y España, tenemos ocho familias misioneras en diversos países. Además, hemos tenido varias personas puertorriqueñas trabajando en varios niveles de nuestra denominación.


 Una vez concluido el trabajo de los misioneros, comenzó el trabajo de los puertorriqueños y puertorriqueñas dirigiendo la asociación. Después de don Oscar Rodríguez, siguió Ángel Luis Gutiérrez, Pedro Hernández, José Norat, Yamina Apolinaris (la primera fémina), José Norat, y Cristino Díaz Montañez. En julio de 2009 el Rvdo. Dr. Roberto Dieppa comenzó en su posición como ministro ejecutivo.

 

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