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Por la opresión de los pobres, por el gemido de los necesitados,

ahora me levantaré —dice Jehová—, pondré a salvo al que por ello suspira.

 

Salmo 12.5

La bota sobre el pobre

 

Reflexión:

 

La opresión al débil, un mal eterno de la humanidad. La necesidad de control en los seres humanos, de señorearse sobre quien se considera inferior a uno, ha marcado el paso de los siglos. Cuando aflora el egoísmo y el falso orgullo nos enardecemos de superioridad, atacando emocional, psicológica y hasta físicamente a quien nos parece que merece doblegarse a nuestros deseos. La Biblia y la historia atestiguan sobre esto.

 

Generalmente pensamos en los “malvados” de la historia. Una lista no exhaustiva incluiría a Gengis Khan, Atila el Huno, Nerón, Calígula, Enrique VIII, y en la historia moderna, Hitler, Mussolini, Pinochet, Trujillo, la familia Somoza, los Duvalier y hasta algunos incluyen a los Castro y a Maduro. Los gobiernos dictatoriales se caracterizan por un sistema opresivo, principalmente contra los disidentes. Pero no podemos idealizar a los que no están clasificados como dictadores, pues doquiera que hay poder, existe la opresión. El desenfreno por el control y la autoridad aplastante ocurre en el gobierno, los tribunales, los lugares de empleo, las iglesias y en las familias.

 

Los pasados meses han traído a la luz pública con mayor vehemencia uno de los más terribles estilos de opresión: el acoso y la violencia sexual. Un sinnúmero de mujeres, famosas y anónimas, han declarado en las redes sociales bajo la etiqueta #MeToo ser víctimas, levantando un remolino de acusaciones que han desembocado en renuncias de un productor de Hollywood y un legislador, pérdida de escaños públicos, despido de figuras de la televisión y hasta el retiro temporero de un conocido chef. Las voces se siguen pronunciando y las denuncias incluyen hasta al Presidente. Las mujeres y los niños han sido, y siguen siendo, blanco para ejercer la lascivia, la misoginia y la supremacía. La Biblia nos trae los relatos de Betsabé, Tamar, Rahab y la mujer samaritana. Violencia y desprecio por ser mujer, sin importar su comportamiento, por un hombre, por un familiar, por la sociedad y por la religión.

 

A pesar de todo, los creyentes podemos reconocer que la opresión no es el final del camino. Nuestro Dios es quien responde al llamado de los desvalidos y humillados levantando la bota opresora: “Por la opresión de los pobres, por el gemido de los necesitados, ahora me levantaré —dice Jehová—, pondré a salvo al que por ello suspira” (Salmo 12.5). Las voces de clamor no pueden callar, las voces de justicia tampoco. ¿Podremos ser parte del cambio y levantar algunas botas?

Oración:

 

Gracias Señor porque no abandonas a tu pueblo y tienes tu oído presto al clamor del afligido. Ayúdanos a ser parte del cambio de este mundo, en el Nombre de Jesús. Amén.

Reflexión

Rev. Julio González-Paniagua

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