Iglesias Bautistas de Puerto Rico
Hacia una salud integral, crecimiento y reproducción del cuerpo de Cristo.
Reseña de lectura
Shurden, Walter B. The Baptist Identity: Four Fragile Freedoms. Macon, Georgia: Smyth & Helwys Publishing, Inc. 1993.
El Dr. Walter B. Shurden, nació en Greenville, Mississippi. Fue director ejecutivo y fundador del Centro de Estudios Bautistas en Mercer, Macon, Georgia. Se desempeñó como profesor de cristianismo durante veinticinco años. Dieciocho de esos años, fungió como presidente del Departamento de Cristianismo de Roberts. Ejerció el pastorado en la Primera Iglesia Bautista de Ruston, Louisiana. Se retiró de la Universidad de Mercer el 31 de diciembre de 2007. Recibió el premio del Judson-Rice Award por su liderato denominacional entre los bautistas. La Junta de Directores del Associated Baptist Press le otorgó el premio Religious Liberty Award en el 2008. Ha escrito o editado quince libros y ha publicado numerosos artículos. Publica desde 1972, Not A Silent People: Controversies That Have Shaped Southern Baptists y hasta el 2008, Turning Points in Baptist History. En la obra que nos ocupa, presentaré los propósitos del autor al escribir la misma. Resumiré brevemente los puntos relevantes de cada capítulo y evaluaré su estilo de acercamiento al tema. Comentaré sobre los puntos de mayor impacto e informaré del aprendizaje adquirido a través de la exposición del autor. Además, ponderaré el valor de la obra para el desarrollo del ministerio pastoral. Shurden, en su escrito, se propone identificar los “principios bautistas”, que los bautistas americanos en sus afirmaciones confesionales han llamado “los genes de convicción”. Además, intenta establecer las diferencias que definen lo que es ser un bautista. Para ello, propone realizar un perfil bautista basado en cuatro categorías: la libertad de la Biblia, la libertad del alma, la libertad de la iglesia, y la libertad religiosa. Para el autor, es imposible realizar un perfil adecuado de la identidad bautista sin hacer referencia a estas cuatro libertades y las responsabilidades que ellas representan. El autor refiere que llegó a establecer estas libertades bautistas analizando los sermones y los señalamientos de muchos bautistas alrededor del mundo. Entiende que la Alianza Mundial Bautista es el mejor lugar para examinar estas distinciones. Escribe este libro con la esperanza de que pueda ser utilizado para presentarles a los nuevos miembros de las iglesias bautistas, la herencia de libertad y de fidelidad a la que ellos se han incorporado. También para que aquellos que llevan mucho tiempo como bautistas, recuerden y reaviven la herencia de la cual deben sentirse orgullosos. En el primer capítulo, la Libertad de la Biblia, establece que los bautistas creen fervientemente en la autoridad de las Sagradas Escrituras. El autor va enfocando sus argumentos a favor del Señorío de Jesucristo, como ha sido revelado en las Sagradas Escrituras. La verdad fundamental sobre la cual los bautistas construyen su fe es sobre la “autoridad” de Jesucristo. Entiende que toda autoridad está subyugada a la autoridad del Hijo de Dios. Jesucristo, para los bautistas, constituye la norma por la cual la Biblia debe ser interpretada. De esta manera, Jesús es la autoridad sobre la cual se fundamenta la verdad y sobre la cual sus seguidores construyen sus vidas y sus iglesias. Se insiste en la libertad de acceso a la Biblia y la libertad para interpretarla porque es la única forma de llegar a la mente de Dios, Cristo. La Biblia es interpretada bajo la guianza del Espíritu Santo, quien de continuo hace conocer la voluntad de Dios. La Biblia es concebida como un libro dinámico. A través de la lectura y la interpretación de la Biblia las vidas son transformadas. Los bautistas desean tener libre acceso a la Biblia para obedecer la Palabra de Dios. Para los bautistas, la Biblia es y siempre ha sido la autoridad final. Es la autoridad final respecto a la responsabilidad moral, las creencias teológicas y las relaciones humanas. La Biblia es vista como autoridad final, pero el entendimiento humano de la Biblia nunca es final, nunca se termina. Los bautistas han llegado a tener una actitud de apertura con relación al estudio de la Biblia; leen la Biblia junto a la comunidad de fe. La libertad de la Biblia significa ser libres de los credos. Los bautistas no tienen credos, porque no existe un argumento doctrinal que pueda resumir adecuadamente el mandato bíblico para la conducta y la fe. Es por esto que los bautistas adoptan diferentes confesiones como una señal de libertad de credo. Las confesiones son solamente guías de interpretación. Estas no tienen autoridad sobre la conciencia y no pueden ser utilizadas para obstaculizar la libertad de pensamiento o la investigación de otros asuntos en la vida. La Biblia está abierta para todos los creyentes. Shurden señala la controversia siguiente: cada individuo puede juzgar por sí mismo el significado de la Biblia. En ausencia de una interpretación oficial de las Escrituras se ha creado una gran diversidad de opiniones entre los bautistas. Esto se ha enlazado con la libertad del alma y la libertad de conciencia. Por lo tanto, no es sorprendente descubrir diversidad de prácticas y consideraciones sociológicas entre los bautistas. El que existan esas diferencias también trae la pesada responsabilidad de estudiar, buscar y escudriñar para entender la Biblia. El autor recalca en la controversia, que muchas personas desean el privilegio personal de interpretar la Biblia, pero no quieren ser buenos intérpretes de la misma. El segundo capítulo se dedica a la libertad del alma. Esta es la afirmación del derecho inalienable y la responsabilidad de cada persona de ir a Dios sin la imposición de un credo, la interferencia de un clérigo o la intervención del gobierno civil. La libertad del alma, enfatiza la primacía del individuo y refleja el acercamiento bautista a la salvación. La libertad del alma afirma la sacralidad del individuo para escoger. El énfasis de los bautistas sobre el individuo está basado en la afirmación bíblica de que todo ser humano fue creado a imagen de Dios. Todo individuo es competente bajo Dios para hacer decisiones morales, espirituales y religiosas. No solamente el individuo tiene el privilegio de hacer todas esas decisiones, sino que también es responsable por haber hecho esas decisiones. Cada individuo puede ir delante de Dios directa y voluntariamente. Se afirma la centralidad del individuo sobre las instituciones, la prioridad personal sobre lo sacramental y la preeminencia del acceso directo a Dios. La libertad del alma o la competencia individual nunca han significado autosuficiencia. La salvación es individual. Es una experiencia personal que está bajo el entendimiento de la conversión. Es una respuesta libre a la iniciativa de Dios. La libertad del alma significa el derecho a escoger. La fe es voluntaria. Nadie puede ser forzado a creer. Nadie puede ser forzado a amar a Dios. La naturaleza de la fe voluntaria es crucial en la identidad bautista. Hay libertad para escoger lo que se quiere creer. La conversión para los bautistas es siempre una materia de convicción del alma. Ya que la fe es personal, no hay una clase de conversión específica. Los individuos vienen a ser obedientes a Jesús en diferentes maneras. Por lo tanto, debemos estar preparados para una diversidad de experiencias. Una declaración de la individualidad de la fe es ir en contra de la uniformidad de la experiencia religiosa. Un asunto importante donde media la fe personal del individuo es en el bautismo. A los bautistas les interesa la persona que va a ser bautizada. Los bautistas bautizan creyentes por inmersión. Los bautistas quieren que la persona sea capaz de hacer una decisión libre y voluntaria por Jesucristo. En la libertad del alma el individuo es central. La fe cristiana es personal, vivencial y voluntaria. El capítulo tres nos habla de la libertad de la iglesia. La libertad de la iglesia destaca la prominencia de la comunidad de creyentes y la forma bautista de hacer iglesia. Se afirma que la iglesia local es libre, bajo el Señorío de Jesucristo, para determinar su membresía, su liderato, su forma de adorar, para ordenar al ministerio y participar en el amplio cuerpo de Cristo. La tradición de la iglesia libre afirma que la libertad y la responsabilidad del individuo son centrales en toda materia de fe. Aún cuando el individuo es central, es un individuo en comunidad. El autor plantea que las historias bíblicas no nos presentan logros heroicos de individuos aislados. Más bien, nos presentan un perfil de gente en comunidad luchando contra las fuerzas del mal. La iglesia es gente con una doble promesa. Han decidido seguir a Jesús como Señor de sus vidas. Y han prometido ayudarse unos a otros en la batalla de seguir a Jesús como Señor. Esto, para los bautistas es un convenio. Hay un pacto con Dios y un pacto unos con otros para formar la iglesia bautista. La iglesia se compone de miembros que sinceramente desean ser parte de la multitud que sigue a Jesús. Es una iglesia con una membresía regenerada. Es una iglesia de creyentes. Debido a que la fe auténtica es una decisión personal, la iglesia solamente incluye aquellas personas que deliberadamente se han comprometido con Cristo. Para los bautistas, el bautismo no solo es importante porque lava los pecados o comunica gracia, sino porque dramatiza la forma de la vida de Cristo, libre y deliberadamente escogida. La libertad de la iglesia significa que la iglesia local tiene el derecho y la responsabilidad de administrar sus propios asuntos bajo el Señorío de Jesucristo. Idealmente desean que la iglesia local sea una Cristocracia. Desean la completa participación de toda la congregación. Esto es lo que se ha llamado un gobierno congregacional. En el gobierno congregacional la autoridad es puesta en las manos de todos los miembros de la iglesia. Si se acepta que el individuo es central, entonces teológicamente el gobierno congregacional parece ser el más apropiado. Se acentúa el rol individual en la comunidad. Se da más libertad a una mayor cantidad de personas. Sin embargo, los bautistas nunca equiparan la voz de la mayoría con la voz de Dios. El gobierno congregacional demanda que la iglesia local determine su propia membresía, adoración, estrategia misionera y elija sus propios oficiales. Una de las amenazas para el gobierno congregacional es la actividad de personas autoritarias; así como la pasividad de los creyentes para asumir su responsabilidad de disentir. Para los bautistas, no hay ninguna organización que sea superior a la iglesia local. Están de acuerdo con cooperar en asociaciones, convenciones y uniones con otras iglesias. El autor considera que es importante que los bautistas escuchen lo que hermanos y hermanas de otras comuniones cristianas tienen que decir. Invita al diálogo y no al aislamiento. La iglesia también tiene libertad para adorar creativamente. Debido a la diversidad de las congregaciones, se manifiestan claramente distintos estilos de adoración. La libertad de la iglesia permite diferentes formas de adoración, algunas son sorpresivamente formales y otras muy informales. No importa la forma de adoración de una congregación bautista local, el acto de adorar es de la comunidad de creyentes en su totalidad y no la forma particular o individual de un ministro presidir la reunión. Los bautistas reconocen el bautismo y la cena del Señor, como dos ordenanzas del Nuevo Testamento. Son ordenanzas porque Cristo mismo las ordenó. El bautismo es por inmersión porque simboliza la muerte, sepultura, y resurrección del creyente con Cristo. La cena del Señor recalca el amor de Dios hacia nosotros, nuestra comunión con Él y nuestra comunión con los demás creyentes. La libertad de la iglesia también significa que el ministerio está abierto a toda clase de personas y a misiones estratégicas específicas. Los bautistas ven relacionados el evangelio personal y los asuntos de la sociedad secular. El cuarto capítulo es un acercamiento bautista a la libertad religiosa. Se enfatiza la relación de la religión con el estado. La libertad religiosa es la afirmación bautista histórica de libertad de religión, libertad para la religión, y libertad desde la religión. Se insiste en que el César no es Cristo y Cristo no es el César. Históricamente la relación entre la iglesia y el estado ha sido difícil y tortuosa. Las Escrituras proponen diversas interpretaciones de esta relación. En algunos momentos se legitima el estado, porque no hay peligro para la iglesia y en otros momentos se resiste al estado hasta el martirio. La libertad religiosa está enraizada en la naturaleza de Dios. Como soberano, Dios creó al ser humano libre. En la Biblia se presenta a Dios como libertador. A través del Antiguo Testamento, Dios se muestra en contra de las personas e instituciones que restringen la libertad. El ministerio de Jesús fue uno de libertad para la gente. Por lo tanto, la libertad es más que un derecho constitucional o un regalo gubernamental. Dios, y no las naciones o las cortes y leyes humanas, es la máxima fuente de libertad. Es en este pilar teológico en el que los bautistas demuestran su amor por la libertad. Creados a la imagen de Dios, los seres humanos son la corona de la creación. La personalidad humana es sagrada y la vida es el valor más elevado. Negar la libertad de conciencia a cualquier persona es degradar la creación de Dios. Los bautistas han defendido la libertad religiosa desde la naturaleza bíblica de la fe. Para que la fe sea auténtica debe ser libre. La fe genuina no puede ser forzada o negada por el estado. En la herencia bautista la libertad religiosa tiene muchas dimensiones. Primero, la libertad religiosa representa un compromiso con una completa libertad y no con una tolerancia de la religión. La tolerancia religiosa es una concesión, pero la libertad religiosa es un derecho. Segundo, históricamente los bautistas han sido muy claros en establecer que la libertad religiosa es para todos, y no para un grupo selecto de personas. Aun la insistencia bautista de la libertad religiosa incluye libertad de religión. Esto significa que una persona tiene el derecho sagrado de creer o no creer. Tercero, la libertad religiosa es separación de la iglesia y el estado y no un acomodo de la iglesia al estado. La historia del cristianismo ha demostrado que han existido patrones de relaciones de iglesia y estado donde se ha visto un acomodo y un trato preferencial en estas expresiones de libertad. Sin embargo, los bautistas han establecido sólidamente su posición de una separación total entre iglesia y estado. La libertad religiosa que los bautistas establecen está amenazada constantemente inclusive por grupos religiosos. Entre los grupos que amenazan el principio de libertad religiosa está la mentalidad teocrática de algunos cristianos involucrados en el Movimiento de Reconstrucción. Este es un grupo que busca reestructurar la sociedad americana a base del Antiguo Testamento. Otro peligro es la confusión entre ciudadanía y discipulado. Los cristianos tienen que trabajar fuertemente para distinguir entre pietismo y patriotismo. El nacionalismo no es la fe de los cristianos. Algunos bautistas han insistido que el estado siempre estará subordinado al Señorío de Jesucristo. Esta posición durante los últimos años ha hecho que la línea divisoria entre iglesia y estado venga a ser borrosa en América, aun entre algunos bautistas. La idea de que Cristo es la autoridad máxima en la vida de los creyentes no debe ser confundida con reclamos partidistas de patriotismo. Los bautistas están comprometidos con la libertad religiosa de todas las personas. El autor reclama que los bautistas son uno de los grupos de más poder religioso en la nación americana. Pero este poder no puede corromper ni cegar la herencia de los bautistas en términos del principio de libertad religiosa. La libertad religiosa puede servir para darle vitalidad a la iglesia y también beneficiar al estado. Resumen y conclusiones del autor. Shurden usa una cita de John Freeman donde recalca la necesidad que tenemos hoy día de los principios bautistas. Expresa que estos principios aún no han manifestado toda la fuerza que hay en ellos. Todavía hay luz y poder que tienen que salir de estas libertades para los días venideros. Es necesario que esta luz y poder sean liberados. El autor entiende que si los bautistas experimentan un renacimiento con el compromiso de estas cuatro libertades también van a redescubrir sus raíces, su identidad y van a ser proféticamente relevantes en el mundo actual. La palabra más cercana para describir la identidad bautista es la libertad. Sin embargo, insiste que esta libertad bautista como cualquier otra libertad es muy frágil. Muchas veces estas libertades han sido abandonadas desde dentro y han sido pirateadas desde afuera. La libertad puede ser robada. Por lo tanto, los que aman la libertad no tienen otra opción que ser vigilantes en la defensa de esas libertades. La libertad también ha sido minada por la irresponsabilidad. Por eso, el autor trata de enfatizar que cada libertad tiene una responsabilidad. La libertad de la Biblia ha sido debilitada por la irresponsabilidad de no estudiarla diligentemente con una mente abierta y con un espíritu reverente. También es socavada cuando se falla en poner la vida bajo el control y la dirección de las Sagradas Escrituras. La libertad del alma es otra forma de enfatizar la responsabilidad individual al tomar decisiones morales y religiosas. Cuando no hay libertad con responsabilidad para escoger la fe, no hay una fe auténtica. Escoger la fe en Cristo es confesar que se va a obedecer y a ser responsable de acuerdo con la vida y el espíritu de Cristo. Respecto al concepto de la libertad de la iglesia, el autor explica que cada cristiano debe crecer y madurar espiritualmente, así como ser responsable en cómo ejerce su membresía en la comunidad de fe. La libertad religiosa es una que ha hecho de la identidad bautista su más clara responsabilidad. Por lo tanto, la iglesia debe tomar en serio y practicar consistentemente los principios que ella declara y estos deben gobernar la relación entre la iglesia y el estado. La libertad es siempre una idea peligrosa y amenazante. El enfatizar la libertad no es minimizar la fe. Cristo es el Señor de los creyentes. Cristo es el Señor sobre las Escrituras. Cristo es el Señor de la iglesia. Respecto al estado, Cristo es el Señor de la conciencia y no los poderes de este mundo. Shurden logra presentar una clara correspondencia entre el título de su obra y el contenido de la misma. En cada capítulo utiliza muchos recursos para fundamentar cada argumento esgrimido. Entre estos se destacan los datos históricos del desarrollo del pensamiento de la iglesia, así como las citas bíblicas que lo respaldan. Esto permite entramar el contenido con una visión amplia de la naturaleza de los aciertos y desaciertos de la iglesia, y su participación en apoyar o rechazar los intereses políticos, económicos y sociales de opresión hasta hoy. Sus vivencias personales nos ubican en un contexto contemporáneo que nos facilita entender y articular los planteamientos realizados desde un escenario cercano y conocido. Las fuentes históricas enriquecen el conocimiento y sus críticas a las mismas se nos abren a nuevas interpretaciones, así como a mirar con sospecha aseveraciones que aparentan ser parte de lo que hemos considerado como verdades apoyadas por las Escrituras. El lenguaje me parece adecuado después de haber leído el libro de texto del curso. Por otro lado, esta exposición de datos fue refrescante pues nos pone en contexto con lo estudiado en clases. Los ejemplos y citas son claros y amenos al hacer los énfasis. Define los términos y los explica con sencillez. Mantiene un hilo conector entre los capítulos mencionando y retomando los temas, lo que facilita seguir el orden de los planteamientos. La lectura del libro es enriquecedora. Facilita ver la identidad bautista formándose a través de las cuatro libertades que el autor ilustra y defiende. Una de las cosas que más me impactó fue su énfasis en la responsabilidad que conlleva cada libertad. La individualidad, y la toma de decisiones morales y religiosas. La libre interpretación de la Biblia, y la diligencia de estudiarla con apertura de mente y espíritu reverente. La democracia bautista y la responsabilidad en la participación de la vida de la iglesia local e internacional. Me parecen muy pertinentes las advertencias sobre las amenazas a las libertades alcanzadas. Sobre todo, la valentía de identificar tanto las que vienen de dentro y las que vienen de afuera disfrazadas de pseudolibertades. Considero acertada su visión de escuchar lo que otros hermanos y hermanas de otras confesiones tienen que decir respecto a asuntos religiosos. Otro aspecto que me fascinó leer es que la voz de una mayoría no se puede igualar a la voz de Dios. Esto me permite considerar con mucha claridad la tendencia a espiritualizar lo que no necesariamente viene de la voluntad de Dios. Me preocupa la apatía con que se consideran los asuntos presentados en las asambleas y foros de discusión religiosos. Después de leer el libro creo que es un desprecio a lo que otros lucharon hasta la sangre. Me parece que nos hace falta conocer, entender y apreciar nuestra herencia bautista. Hay una gesta histórica de personas que se atrevieron a disentir. Hoy día el que disiente es visto como problemático o enemigo de la obra de Dios. Me parece que debemos aprender a escuchar la otroriedad. Debemos reconocer que en la voz de los menos puede estar la solución y en la voz de otras confesiones el reto y la clave para una nueva reflexión. También se debe medir el alcance de las cosas que se repiten por ser meramente bautistas, sin evaluar si las repetimos como papagayos porque no queremos hacerle frente a los retos de una sociedad que está en transición y en crisis. Pienso que hay una sociedad que desea ser iluminada en los retos actuales. Dentro de estos retos están la voz silenciada de los inmigrantes, de los niños abusados y mujeres maltratadas, los homosexuales y lesbianas, los enfermos mentales y los pobres. Creo que la historia es extraordinaria, pero hay asuntos que demandan nuevas reflexiones y respuestas que reflejen nuestra identidad hoy. Imna Ríos es seminarista bautista. Proviene de la Iglesia Bautista de Carolina. Al momento de escribir esta reseña es estudiante del curso Historia, Principios y Prácticas Bautistas en el Seminario Evangélico de Puerto Rico. Diciembre de 2011. |



